A la deriva: migración venezolana y salud mental

Resiliencia es la capacidad que tienen las personas para afrontar obstáculos y hacerse más fuertes durante ese proceso. “No evita la exposición al suceso adverso, pero permite entender a la adversidad como un aprendizaje, afrontar la situación ya través de las fortalezas personales, proteger su integridad y forjar un nuevo comportamiento, resistir al desastre y reconstruir sobre los factores adversos”, señala el estudio Resiliencia y Estrategias de Afrontamiento en Inmigrantes Venezolanos de la Universidad Central de Ecuador.

La investigación plantea que las personas migrantes se exponen a distintos factores de riesgo. En lo personal con problemas de salud mental o física, inadecuadas estrategias de comunicación, falta de asertividad, consumo de sustancias y alcoholismo, deficiente control de impulsos, aislamiento. Y en lo social o familiar; muerte de familiares, falta de redes sociales, pobreza, ausencia de dinero, mudanzas abruptas, migración, deportación o repatriación, discriminación. Todo esto afecta nuestra capacidad de resistir. Pero aun así, se sale a flote.

Para nosotros, hablar de resiliencia implica hacer un viaje a varios años atrás. Cuando estábamos en Venezuela y ejercíamos el periodismo y teníamos que sortear la censura de un régimen autoritario para informar a las comunidades. Pese a las dificultades, lo hicimos.

Cuando teníamos que vivir en nuestras ciudades y encontrar las maneras de asumir los gastos que implicaban estar en un país con la inflación más alta del mundo, siempre encontrábamos el camino para lograrlo. Aunque costara nuestra juventud, nuestros sueños.

Cuando en esos días antes de abordar el avión o el autobús que nos trajera, con lágrimas en los ojos, armábamos las maletas que nos íbamos a traer a un nuevo país y nos despedíamos de nuestras familias. En Colombia para Johanna, por las “facilidades” que le ofrecían por la nacionalidad de sus padres; oa Perú porque Héctor había leído que las condiciones económicas eran optimistas en la región; y hasta el sur, en Argentina, dónde María Laura llegó con la idea de estudiar una maestría y ejercer el periodismo.

Adriana, Mariela, Víctor, Christian, Alba, AJ, y las otras personas que aparecen voces acá, somos también nosotros. Migrar es un proceso, que aún con las condiciones más favorables, conlleva desarraigo, cambios, adaptación, nuevas culturas e integración.

Ante un panorama muy hostil con la pérdida del trabajo de ambos durante la pandemia, tanto Adriana Rivas y su esposo se mudaron a Santiago de Chile, desde Valparaíso, y emprendieron el área gastronómica. Esto le resultó por primera vez desde su proceso migratorio lograr estabilidad económica, laboral y familiar, así sea desde la informalidad.

Adriana Caldera, por su parte, emprendió también con una tienda de postres que atiende desde casa, y últimamente ha integrado a su menú platos venezolanos. Ha sido un éxito: cuando todo parece …