China y América Latina: una relación con sus altibajos

Ilustración: Erick Retana

Por Carlos Gutiérrez Bracho

En una ceremonia monumental, al estilo de Beijing, Xi Jinping (69) se hizo cargo de su tercer mandato como secretario general del Partido Comunista Chino (PCCh). Lo hizo en un escenario político de culto a la personalidad y con un politburó que se niega a acoger un cambio generacional —todos sus integrantes son hombres mayores de 60 años. Para muchos, la era de Xi es un nuevo capítulo en la historia contemporánea de China; ha acumulado un tipo de poder que no se había visto desde los tiempos de Mao Zedong.

Pero las similitudes van más allá de los aspectos políticos. Desde 2017, el pensamiento de Xi es el principio rector del Partido, está consagrado en la Constitución y es obligatorio que los chinos lo estudien en la escuela primaria. Un detalle que recuerda al famoso Pequeño libro rojoallá por la Revolución Cultural, cuando los escolares tenían que recitar el pensamiento de Mao.

Precisamente para acabar con el culto a la personalidad se había limitado el tiempo en el poder a dos mandatos consecutivos durante la era de Deng Xiaoping, el líder de la China moderna. Pero, si bien la reelección de Xi ha sido muy criticada por este asunto en particular, responde a una tradición milenaria. Existe una creencia milenaria en China que afirma “que la sociedad ideal es aquella gobernada por una persona en una estructura súper jerárquica”, explica Daniel Lemus, académico del Tecnológico de Monterrey.

En su filosofía, Xi Jinping retoma un concepto clave del confucianismo para la gobernabilidad del mundo: tianxiaque significa “todo bajo el Cielo”, con el objetivo de crear una comunidad compartida para la humanidad, como afirma Georgina Higueras, Directora de #ForoAsia.

Higueras escribe en “China: todo bajo el cielo” que Xi pretende alcanzar un “tipo de poder omnímodo que encarne los valores éticos y morales chinos” y resaltar los valores ancestrales de “paz, estabilidad y orden, frente a los valores occidentales de democracia y derechos humanos”. Agrega que “China se ha volcado en sí misma para retomar el papel de promotor de la gobernanza global”, con el objetivo de hacer frente a los nuevos desafíos del mundo contemporáneo.

En medio de estos grandes planes, su presencia en América Latina y el Caribe se hace más significativa. Está “aquí para quedarse”, dice Madelein Carolina González, académica de la Universidad de Estudios Internacionales de Beijing, en un artículo publicado en la revista De Gruyter.

Los lazos entre las naciones latinoamericanas y la República Popular China se remontan a finales de la década de los 70, pero…