El polvorín mapuche – CONNECTAS

Ilustración: Erick Retana

Por Leonardo Olivaeditor de CONECTAS

A media mañana del 15 de marzo, en su cuarto día como ministra del Interior del recién asumido presidente Gabriel Boric, Izkia Sitches se dirigió junto a una comitiva a reunida con representantes mapuches en el sur de Chile. Era su primera actividad oficial y el bautismo no pudo ser peor: la recibieron a balazos en Temucuicui, 690 kilómetros al sur de Santiago. “Si quieren entrar así están muy equivocados, podemos recibir a Siches y Boric si hablamos de restituir territorios”, afirmó después Víctor Queipul, lonko (máxima autoridad) de la zona. En respuesta, el joven presidente chileno declaró el estado de excepción y mandó a los militares -como ya lo había hecho su antecesor Sebastián Piñera- a custodio la Macrozona Sur (la Región de La Araucanía y las provincias de Arauco y Biobío).

La comunidad mapuche es el pueblo originario más numeroso de Chile: casi un millón de personas se consideran miembros de esa cultura. También están presentes en Argentina, aunque en menor proporción. Ellos, como el resto de sus hermanos aborígenes en América, vienen luchando por reivindicar sus derechos, históricamente cercenados.

Tras la ruptura de relaciones con Piñera, los mapuches tenían altas expectativas con Boric, pero tres meses después ha regresado la tensión. Y no solo eso: la violencia en la zona es la peor en las dos últimas décadas. En lo que va del año ya hubo siete víctimas fatales, más que en todo 2021. El diario La Tercera contabilizó 24 muertes desde 2002 por violencia rural en La Araucanía, 17 de ellas en los últimos 3 años.

¿A qué se debe esta escalada violenta protagonizada por personas que se dicen parte de una comunidad aborigen? ¿Y por qué el sur de Chile y el de Argentina –en menor medida– son hoy los máximos focos de una problema existencial en nuestros países: ¿qué hacer con la herencia indígena?

La población originaria tiene un gran peso demográfico en América Latina, sobre todo en Bolivia, Ecuador, México, Guatemala y Perú, que concentran más del 90% de la población originaria de la región. Sobre todo en esos países, el movimiento indígena se desarrollará a partir de la década del noventa, cuando se inicien las conmemoraciones del V Centenario del “Descubrimiento de América”, que ellos transformaron en un símbolo de resistencia. En Bolivia y Ecuador la tendencia llevó a incorporar en sus Constituciones las nociones de Estado plurinacional e intercultural.

Mayas en México y Guatemala; quichuas en Ecuador; aymaras en Perú y Bolivia; y mapuches en Chile y Argentina, entre otros, llevaban siglos de desarrollo cultural en…