Haití: al borde del abismo

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a madrugada del 7 de julio marcó un antes y un después en la crisis política que arrastra a Haití desde hace años. Esa noche, un grupo de “mercenarios” llegó en varios vehículos a la casa del presidente Jovenel Moïse, donde el mandatario dormía con su esposa Martine Marie Etienne Joseph. Uno de los hombres gritaba por un megáfono que se trataba de una operación de la DEA, y en cuanto los asaltantes accedieron al interior, mataron de doce disparos a Moïse e hirieron de gravedad a su esposa, en un episodio del que todavía quedan muchos detalles en el aire.

Ya el 7 de febrero Moïse había alertado que las autoridades habían desmontado un plan para asesinarlo. “Agradezco al responsable de mi seguridad del palacio. El sueño de esa gente era atentar contra mi vida. Gracias a dios no ocurrió eso. El plan fue abortado ”, dijo el mandatario en una breve declaración desde el aeropuerto de Puerto Príncipe.

Las autoridades detuvieron ese día al menos a 20 personas, incluido un juez señalado por la oposición en la lista de posibles sucesores de Moïse. Pocos días más tarde, el mandatario declaraba al diario El País, de Madrid, que en Haití varias personas se han propuesto el objetivo de darle un golpe de Estado.

Para el 20 de junio el presidente pedía apoyo a la comunidad internacional, no mediante la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (Minustah) como la que estuvo en ese país desde 2004 hasta 2017, sino de ayuda para frenar el “ciclo infernal de violencia” que en los últimos meses había arreciado en una guerra de pandillas en la capital, Puerto Príncipe.

Lo cierto es que el magnicidio abre otra herida, quizás más profunda, a una institucionalidad minada cada vez más en los últimos años por las continuas dimisiones de los primeros ministros, las detenciones de opositores, jubilaciones forzadas a jueces, un Parlamento suspendido que pare a Moïse gobernar por decreto, investigaciones por corrupción ignoradas por la justicia y una guerra de pandillas que hizo crecer sin control la práctica de los secuestros en el país.

Dos años más tarde, la Misión de Apoyo a la Justicia de las Naciones Unidas en Haití (Minujusth) cerró “la página del mantenimiento de la paz”, Como la propia institución lo indicó en un comunicado en octubre de 2019. Para ese momento, la nación caribeña ya estaba sumida en una profunda crisis política, económica y social. Fuertes protestas callejeras provocar decenas de muertos, y el propio brazo de la ONU lo advertía en aquella despedida: la situación propiciaba “un círculo vicioso que el país ha visto demasiadas veces”.

El asesinado presidente haitiano asumió el poder el 17 de febrero de 2017 tras un accidentado y largo proceso electoral. Según la Constitución, los comicios deben realizarse en el último domingo del quinto año del mandato presidencial y, por eso, se convocaron para …