La influencia militar en América Latina va en aumento

Ilustración: Erick Retana

Por Grisha Vera

Como candidato, Andrés Manuel López Obrador criticó el papel de los militares en la lucha contra las drogas y se comprometió a sacarlas de las calles de México. Pero, a medida que avanza su administración, les ha dado cada vez más poder. En 2019 eliminó a la Policía Federal y en su lugar creó la Guardia Nacional, de la cual 80% estaba integrada por militares. En agosto pasado, informó que el nuevo cuerpo de lucha contra el crimen ya no estaría bajo mando civil y que sería anexado a la Secretaría de Defensa.

Esta última medida, que aún no se materializa, es sólo una de tantas que han incrementado el poder y la influencia de los militares en la gestión pública de ese país. De hecho, López Obrador incluso les ha encargado el desarrollo de la construcción y administración de algunas obras.

México es uno de tantos casos. En los últimos años, algunos gobiernos de América Latina han tenido una tendencia a aumentar el poder económico y social de los militares, otorgándoles funciones además de la defensa. En Cuba y Venezuela están a cargo de los sectores más importantes de la economía. En Brasil, militares activos y retirados han dirigido ministerios. En El Salvador, la ampliación de las funciones de las fuerzas armadas contradice lo establecido por las leyes estatales. La creciente importancia de las fuerzas armadas en América Latina es peligrosa para el buen desempeño de los estados y las democracias en América Latina.

Diamante Rut, experto en seguridad regional y relaciones cívico-militares, hace un resumen de tres razones que explican la mayor influencia de los militares en el poder político de la región. El primero afirma que la transición del papel de los militares al modelo democrático fue incompleta después de las dictaduras: “Faltó voluntad política. Implicaba una serie de procesos incómodos, incluidos los juicios a miembros de las fuerzas armadas, que la mayoría de los países se abstuvieron de hacer porque sentían que sus gobiernos eran débiles o porque temían el levantamiento”.

El segundo deriva de la incompetencia de las instituciones civiles para combatir el crimen organizado y controlar la sociedad durante la pandemia, por ejemplo. Las fuerzas armadas intervinieron para cumplir con estos deberes. La tercera razón tiene que ver con el uso partidista de la institución. “La mayoría de los gobernantes, de derecha o de izquierda y con dificultades para buscar la reelección, pasan a confiar en las fuerzas armadas para sostener su propio gobierno a cambio de privilegios, beneficios, premios, recursos…”

El poder militar se ha transformado. Su protagonismo sigue creciendo, pero en comparación con las dictaduras los tiempos son diferentes. “No hay amenazas de golpes de estado hoy en día pero una conexión muy directa…