Los endeudados de la pandemia

mi
n Bolivia la pandemia no solo se lleva la vida de las personas, sino también los ahorros de toda la vida de sus familiares. También desnuda la del sistema de salud cuando los huérfanos de las víctimas de covid-19 ven con impotencia cómo los servicios hospitalarios privados retienen los cadáveres de sus seres queridos hasta que les paguen deudas exorbitantes. Al mismo tiempo expone el incumplimiento del principal seguro de salud de los trabajadores bolivianos, la Caja Nacional de Salud, que se lava las manos al momento de cancelar las deudas resultantes de transferir a los enfermos a otros centros de salud ante la falta de espacio, personales y medicinas en sus hospitales.

Alrededor de 20.000 dólares costó la atención en la unidad de terapia intensiva para el médico Víctor Elías Yucra Choque y su esposa la enfermera Asteria Aguilar Calle, internados por covid-19 durante 11 días en una clínica privada en Oruro, a 225 kilómetros de La Paz . Karen, de 14 años de edad, la hija menor de la pareja, se enfrentó al sistema burocrático de salud cuando le informaron que no podía retirar los cadáveres de sus padres si la familia no cancelaba el monto adeudado.

¿Qué le pedían a cambio? El personal administrativo de la clínica, cuyo nombre no revelamos por cuestiones legales, solicitó documentos de propiedad de automóviles y casas como garantía de cambio de retirar los cuerpos. Karen les reclamó llena de rabia y dolor. “¿Por qué no les pueden dar un descanso tranquilo y en paz a mis papás? ¡Suelten sus cuerpos! ”, Relata que les dijo, mientras sostiene entre sus manos una foto de sus padres.

A mediados de diciembre de 2020, Yucra presentó los primeros síntomas del coronavirus y se sometió a dos pruebas que resultaron negativas. Como médico con más de 25 años de experiencia, sabía que las cosas no estaban bien y solicitó a la Caja Nacional de Salud (CNS) otra prueba, pero le dijeron que no era posible. Asteria, licenciada en enfermería, se dedicó cuidar a su esposo en casa y poco después también presentó los síntomas. Para el 29 de diciembre, la salud de la pareja cambió drásticamente cuando comenzó a respirar con dificultad.

Alejandra, la hija mayor, de 27 años, llevó a su papá a su sitio de trabajo, el centro de atención covid-19 de referencia de Oruro. En una silla de ruedas y con su documentación en las manos, los médicos le dijeron al doctor Yucra que no le podían atender porque todas las camas estaban ocupadas. No había espacio en ningún centro hospitalario, ni siquiera de la CNS. Ni por ser afiliado con todas las prestaciones de la ley pudo acceder a su propio seguro de salud; un seguro que cada mes le descontaba de su salario el aporte correspondiente. La CNS, una entidad de derecho público, descentralizada y con …